Nena… tú vales mucho
April 29th, 2008, 9:33 am
Me encanta hacer una cama redonda de mujeres.
Esa sensación de tener piel, muslos, pies codazos y empujones por que no hay suficiente espacio en la cama de matrimonio, entre ceniceros llenos de colillas, vasos de alcohol y chismorreos de como lo hacen los amantes de turno de pelo en pecho. Sí, no hay duda, me deleita tanto como un buen helado de chocolate, tener a mis amigas en mi lecho.
Cuando la imaginación vuela entre sábanas, sudor, gemidos y ruegos, es que a los hombres de hoy en día les encanta pedir, “niña tu puedes” “vamos preciosa no te hagas de rogar” a cambio te prometen ver las estrellas y el firmamento.
Insignes hombres, herederos de los venerables guerreros olvidadizos del arte de luchar y es que con tanta paz y tan poco usar la espada, apenas pueden con tres envites, mucho menos logran con el actual acero regodearse en las buenas llegadas, aquellas que tanto aplaudían los romanos y griegos.
Hoy cuando el útil mueble de dormir es convertido en una pasarela Cibeles, y el fornido galán una escuálida damisela en búsqueda y captura de un ¡ohhhhhhhh maravilloso!, todo se vuelve apático, por unos segundos te piensas “quién le habrá comprado esos boxees dos tallas menos” “¿será suyo o es de postín? ¿Por qué no lo habré comprobado antes?”. Un sinfín de imágenes se vuelven technicolor en tu mente, pero sobre todo la pregunta clave llega cuando él en pleno show súper Pérez, diciendo soy el tigre de Bengala, un eco retumba en todo tu cuerpo “después del florido espectáculo espero no mirarme las uñas o el techo”, esa es la lacra de nuestro siglo, esos muros de ladrillos…
Piensan las malas mentes, cosa de la que carezco de las “malas” por supuesto, la relación entre lo acontecido estos últimos tiempos en la mujer con el declive de las buenas actuaciones, en plena efervescencia de los hombres, ni una pastilla hoy basta pues por mucho mástil, cuando ni el viento sopla, no hay vela que valga.
Ni siquiera en esos momentos poéticos de video club de barrio cuando sus mentes creen idear una nueva forma de hacer palidecer tu delicado rostro logrando así el soltar su adorado “sí Dios, así Dios”, que culpa tiene el espíritu indefinido de los llamamientos inconclusos diluidos por nuestras cuerdas vocales, igual es que estos seres de bríos intenta alcanzar el estatus en el olimpo, queridos míos, primero en la tierra dejad el escalafón bien alto, que no por tanto trenecito de la bruja, es bueno el escobazo.
Algunos con tan buen gusto por lo elitista, tan sibaritas ellos pues comen de todo lo mejor, les da por incluir en el menú animalitos varios, en un segundo eres un caballito risueño y al otro un bicho con una cola muy lustrosa, esos que gustan cazar los ingleses. Cuando una piensa “no puedo más quiero salir de aquí” y no precisamente de la habitación si no a buscar en tu bolso el sustituto del placer conyugal individual, les da por hacer uso de sus dispares lenguas y por enseñarte el recorrido de sus diversos viajes, pues ellos se han caminado el mundo entero para enseñarte a ti lo más exclusivo de lo selecto, esto no estaba ya en los libros de historia, que son cosas nuevas, no te vayas a creer, los fundadores de las buenas armas eran incultos comparados con estos.
¿Hay humedad? ¿Eso es una grieta? ¡Mierda se me ha partido una uña! Justo en el clamor de los mil caballitos blancos, un ímpetu posesivo te van relatando “mía, mía, mía, eres mía” te entran ganas de decirles agrégame a tu cuenta de banco chiquitín verás si soy tuya y te canto por Jesulín. Pero lo mejor de todo es cuando les entra el miedo genuino de todo depredador, “te ha gustado, estuve bien” “nena tu sabes que vales mucho”…
Sí mis adoradas criaturas, yo ya se que valgo, el caso es que me valgas tú, para algo.
Kiantra St. Leger
Hojear una revista, hacer zaping en la televisión, cambiar las emisoras de radio mientras vas conduciendo, ha supuesto en estos días un eterno desfile de “consejos” sobre como agradecer a tu madre el hecho de haberte parido. “Madre no hay mas que una”. Una conocida sensación de déjà vu se pasea por mis nervios, hallo el motivo, veo reflejado en los medios el eterno desfile de “consejos publicitarios” con que nos bombardean en Navidad, San Valentín, el día señalado… todos dirigidos al desembolso económico que hay que realizar para ser feliz o hacer feliz a tus seres queridos.
Este mes de enero empezaba, como ya anunciamos en el avance de Terciopelo en los últimos meses del año, con la salida al mercado de un sello de bolsillo de dicha editorial
Como siempre lo mío son los títulos sencillos, pero que queréis, me gusta lo descriptivo que resulta, sin caer en lo descalificativo claro, seamos elegantes ante todo…
Simplemente. estoy indignada, enfadada y molesta.
Hace tiempo que voy dándole vueltas al tema. Me refiero a la relación entre las webs de novela romántica, las editoriales y l@s lector@s.
Ya estamos otro año más en Sant Jordi, ese maravilloso día para todo aquel que ame la lectura y los libros por encima de todo. Ese día en el que los hombres cambian una hermosa flor por un libro. Un día, que en ciertas regiones españolas, se le da la misma relevancia que al día de los enamorados.
Un título que de entrada no nos dice nada, lo sé, tras él se esconde lo que yo llamaría “Un esfuerzo continuo e inútil de clasificar y marcar pautas” de algo que a todas nos gusta, la lectura. Esta costumbre tan marcada de separar los libros por géneros tiene su razón de ser, por descontado, cuando hablamos en términos generales, pero cuando se empieza a dividir cada género en distintos subgéneros llega al colmo de la estupidez y, a mi entender, de la más pura jocosidad. O como diría una amiga mía “cultureta”, se cae en el más absoluto chovinismo romántico-literario.
¡Qué tiempos aquellos en que, cuando ibas a comprar un libro de Titania y veías el nombre de Amelia Brito, te entraba un no se qué por la espalda!
Dicen los sabios que lo bueno de los recuerdos es que puedes recuperarlos cuando quieras y revivir, así, los mejores momentos “O peores, vaya usted a saber“ de la vida.